Portada / El Mensaje / La Iluminación / Las Apariciones / Bernardo / Testimonios / Historia de Cuapa / Contáctenos

Nuestra Señora de

La Navidad 2008

 

 

Nuestra Señora de la Navidad, 2008


Escribe San Lucas en su Evangelio (2, 6-7) "Estando (José y María en Belén), le llegó la hora (a María) del parto y dio a luz a Su Hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada."

Navidad... nuevamente celebramos el acontecimiento que cambió la historia del mundo para siempre: la Encarnación de la Segunda Persona de la Beatísima Trinidad en el vientre inmaculado de la Purísima Concepción y con la Solemnidad que celebramos, sentimientos de gozo, paz y nostalgia, igualmente, se encuentran presentes en nuestros corazones. El Hijo de Dios entra en nuestro mundo como un Infante, verdaderamente nuestro Hermano: hombre como nosotros, igual en todo, menos en el pecado. Entra Dios en la historia del hombre para siempre y podríamos decir ---de cierta forma--- que se encarna Él mismo en cada ser humano llevando a la plenitud más excelsa, de esta manera, lo que Dios inició con el hombre al crearlo a Su Imagen y Semejanza (Gn 1, 26-28).  Porque si en el Edén Dios plasmó Su propia Imagen en el hombre creado, en la Encarnación Dios encumbra a Su creatura porque desde el instante de la concepción virginal del Cristo en el seno de Su Madre Inmaculada, el Padre descubre el Rostro mismo de Su Hijo en cada mujer y en cada hombre. Ya San Agustín, en el siglo V de nuestra era escribe: "Dios se hizo hombre para que tú te hagas dios." Navidad es el sello rotundo divino, sin retorno ninguno,
del matrimonio de Dios con los hijos de Adán y Eva. Dios se ha desposado con la naturaleza humana al asumirla y manifestándose a los hombres de todas las épocas como el Infante vulnerable del Establo de Belén, nos muestra finalmente Su Rostro verdadero: aquel de la humildad y sencillez, de la dependencia y confianza en nosotros. Si recapacitamos el Misterio que vamos a celebrar en unos pocos días, nos damos cuenta de que Dios se puso en nuestras manos totalmente, sin condiciones ni límites. De hecho, ¿quién teme acercarse a un niño recién nacido? Nadie, al contrario, contemplar a una criatura en su cuna hace que nuestros corazones se vuelquen en mimos y caricias al ver ese rostro diminuto que sonríe y no muestra temor ni desconfianza. Las manitas de un bebito se mueven buscando cómo alcanzarnos, igual, pues, sucedió en Belén cuando el Verbo de la Vida, el Eterno y Consubstancial al Padre, literalmente se entrega confiado a nosotros.


¡
Cristo ha nacido en un pueblo desconocido y sin importancia ninguna! No tuvo siquiera el alojamiento de una posada porque le fue negada: todos los mesones estaban llenos y ocupados y Dios tuvo por cuna un sucio establo y pesebre donde animales comían, bebían y permanecían amarrados mientras no eran puestos al servicio de sus dueños. Un establo hediondo fue el testigo del Amor Infinito del Padre que se manifiesta y se da a los hombres de todas las épocas y razas en el Infante que nace para salvarnos.

Un establo... ¿han visto alguna vez un establo hebreo? Es una cueva mal oliente, llena de insectos de toda clase y suciedad: por aquí y por allá el estiércol de los animales cubre la tierra del lugar. Un establo... Si a Cristo le fue negado un lugar en la posada y solamente ese ambiente mencionado anteriormente fue capaz de recibir al Creador ¿tendríamos el valor y el coraje de comparar nuestros propios corazones con el establo en el cual Él nació? ¿Y de tener la valentía, podríamos hacer un campo en ese "establo" nuestro para que Cristo nazca en nosotros?
Debemos despojarnos de todo aquello que no es Dios, vaciarnos de nosotros mismos, echar fuera de nuestras mentes y de lo profundo de nuestro ser el egoísmo tuerto que nos marca, los celos que nos muerden y la envidia que nos enferma y no nos deja descansar por las noches. Cristo nos busca sin cansancio: es el Buen Pastor que da Su vida por las ovejas que vino a rescatar del poder de satanás. La pregunta, sin embargo, es la siguiente: ¿nos dejamos encontrar y alcanzar por Cristo?

En estos días todos andamos preocupados pensando en regalos, en qué voy a recibir de los otros y otros en "qué voy a dar"... Es triste que Navidad sea sinónimo de consumismo superficial y que nuestra única preocupación sea, además de frecuentar las tiendas, el preparar el "arbolito navideño" y el tradicional "pesebre." Llenamos de luces nuestros hogares y oficinas y lo más inaudito es que en los lugares donde Cristo y Su Evangelio son rechazados por las actitudes de los hombres y mujeres que trabajan en tal o cual lugar, estén, de todas formas, "adornados" por el Arbol de Navidad, focos luminosos y hasta la representación del Misterio de la Navidad con las imágenes de Jesús Niño, Su Madre Inmaculada y San José. ¿Cómo comprender semejante contradicción que, mientras por un lado se rechaza a Cristo se exponen los signos externos de Su Nacimiento? Cristo no quiere ni espera que le preparemos un "pesebre" en nuestros hogares ni necesita que se arregle un suntuoso árbol navideño; tampoco quiere que nuestros bolsillos se queden vacíos gastando inútilmente el dinero. Lo que verdadera y únicamente Cristo quiere y espera de cada uno de nosotros es que dispongamos nuestro establo personal, es decir, nuestro interior, limpiando la podredumbre que hemos almacenado ensuciándonos con el pecado. Cristo quiere nacer en tu corazón, pero si tú no le dejas Él respetará siempre tu decisión y seguirá buscando un corazón generoso y abierto a Su Gracia para nacer y hacerse presente. Cristo nuestro Señor nunca se cansa de buscar, de llamar y de invitar a la conversión que es el fundamento e inicio de nuestra relación con Él. No importa que Cristo nazca miles de veces en Belén: si no nace en tu corazón estarás perdido. Y para siempre.

No tengas miedo de abrirte a la Gracia, no temas permitirle al Señor que nazca en ti. Deja las obras de las tinieblas y acoge la Luz que ilumina para nunca dejar de mostrarte el camino. Todos estamos llamados a ser "establo" para que Emmanuel, que significa "Yahvéh con nosotros" nazca en lo más íntimo de nuestra realidad de seres humanos necesitados de Dios. Pero esto nunca será posible si antes tú no vacías ese establo tuyo de la carga pesada que vienes arrastrando por años; carga que te agobia y hace miope al causarte la confusión de los verdaderos y auténticos y únicos valores que aplastamos y adormecemos con nuestros pecados.
¡No temas abrirle tu corazón a Jesús esta Navidad para que empieces una vida nueva! No temas darle tu miseria al Que se hizo Hombre por ti: Él transformará en Gracia lo que pongas al pie de Su Cruz y te convertirá en la mujer nueva y el hombre nuevo que tú mismo quieres ser pero que por tus pecados no te atreves a dar el paso definitivo de la conversión. Temes entregarte a Cristo ¿y no te asusta por dónde andas ahora? Entra en tu interior, con valentía y sinceridad, examina y reflexiona lo que has hecho hasta este momento y, como el hijo que se fue a un país lejano para gastar la fortuna de su padre en vicios y pecados (Lc 15, 11-32) decídete de una vez por todas regresar al hogar paterno para gustar del abrazo amoroso y lleno de ternura de tu Padre Dios que, en Su Amor Infinito por ti, te acepta como eres ---no como deberías de ser--- te ama con amor eterno y está siempre dispuesto a recibirte y hacer fiesta. Si meditas en el Evangelio del "Padre que siempre espera al hijo pródigo" (Lc 15, 11-32), vas a darte cuenta que Dios no espera que te acerques a Él: cuando te vé venir en la distancia hacia Sus brazos corre a tu encuentro enternecido, para abrazarte y besarte (Lc 15, 20). Jesús nos dice que el joven que se fue a derrochar el dinero que le pidió a su padre, recapacitó profundamente y recordó todas las prerrogativas que tenía en la casa paterna, se levantó entonces y decidió regresar. Es importantísimo, por el otro lado, reconocer que Jesús mismo hace evidente la necesidad de confesar las culpas cometidas; el hijo al encontrarse con su padre confiesa su pecado "contra Dios y contra ti ya no merezco llamarme hijo tuyo," (Lc 15, 21) y en los versículos siguientes Dios nos descubre Su Infinita Misericordia y Perdón.  En el texto evangélico, el padre "que siempre espera" da la orden para que el hijo perdido y reencontrado, sea vestido, le entrega un anillo, signo de dignidad y autoridad; manda que le pongan sandalias en sus pies, significando de esta forma que el hijo recobrado es "señor" y ordena que sea sacrificado el mejor ternero para celebrar solemnemente el rescate del hijo perdido,
pero solamente después que el padre escucha la confesión del hijo que reconoce su pecado y superficialidad. Pedagógicamente, entonces, Jesús enseña la necesidad de confesar las culpas para poder ser perdonado.

Lo "escandaloso" en este ejemplo o parábola propuesto por Jesús es cómo Él muestra al hijo que se había ido acaparando el amor del Padre a pesar de todo lo que había hecho. Es que cuando nos volvemos a Dios y reconocemos nuestro pecado frente a Él, Dios perdona y olvida las culpas que hayan destruido nuestra relación personal con el Eterno. Una vida nueva inicia para quien se acerca al Señor "lento para enojarse y rico en misericordia," y esta vida nos es ofrecida constantemente y sin cansancio de parte de Dios. ¿Quién puede decir que nunca ha experimentado la caricia de la mano Llagada de Cristo invitándole a la conversión? ¿Quién puede negar haber conocido y experimentado en su vida el Amor incondicional de Cristo? Nadie: todos hemos vivido esta realidad que nos dice que la fidelidad de Dios no conoce obstáculos ni condiciones. Santa Teresa de Avila escribe que: "El mirar de Dios es amar y obrar mercedes..." Efectivamente, Dios solamente sabe amar y derramar Sus favores sobre cada ser humano, no importa si él o ella lo reconocen. Un día se encontrarán cara a Cara con el Amor y se descubrirá la Verdad en todo su esplendor.

Despojémonos pues de las obras de las tinieblas, seamos capaces de romper con el pecado; abracemos y aceptemos el Perdón y reconocientes adoremos la Misericordia Infinita de nuestro Dios. Purifiquemos nuestros corazones en el Sacramento de la Penitencia, sacudamos todo lo sucio que impide que Jesús nazca en nosotros. Hagamos de nosotros ese "establo" tibio, espacioso y limpio para que Jesús, esta Noche Buena, nazca en cada una de nuestras almas.

Que Santa María, nuestra Señora de la Navidad, nos lleve de la mano hacia Su Hijo, que Ella nos lo muestre en el Pesebre: vulnerable, revestido de nuestra naturaleza humana. Adoremos al Emmanuel ----"Yahvéh con nosotros"---- y que Su pobreza sea nuestra riqueza. Así sea.

A todas y todos, hijos de Santa María de Cuapa, les deseo, de todo corazón que esta Santa Navidad sea el comienzo de una vida nueva para que al iniciar el año 2009 seamos otros Cristos para nuestros hermanos y hermanas. ¡Feliz Navidad!

Rev. Fausto Zelaya

Clic aquí para rezar el rosario

Otros escritos del Rev. Fausto Zelaya:


 


Derechos Reservados www.cuapa.com © 2008

La reproducción total o parcial, de los contenidos de esta web sin previa

autorización está terminantemente prohibida.

Mejor resolución de pantalla: 1024 x 768 pixels