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Padre Oscar Chavarría

¡Aleluya! ¡Resucitó!

 

 

¡Ha resucitado! –Jesús ha resucitado. No está en el sepulcro. –La Vida pudo más que la muerte.

Se apareció a su Madre Santísima. –Se apareció a María de Magdala, que está loca de amor. –Y a Pedro y a los demás Apóstoles. –Y a ti y a mí, que somos sus discípulos y más locos que la Magdalena: ¡qué cosas le hemos dicho!

Que nunca muramos por el pecado; que sea eterna nuestra resurrección espiritual. —Y, antes de terminar la decena, has besado tú las llagas de sus pies..., y yo más atrevido —por más niño— he puesto mis labios sobre su costado abierto. (Santo Rosario, 11)

"El día del triunfo del Señor"

El día del triunfo del Señor, de su Resurrección es definitivo. ¿Dónde están los soldados que había puesto la autoridad? ¿Dónde están los sellos, que habían colocado sobre la piedra del sepulcro? ¿Dónde están los que condenaron al Maestro? ¿Dónde están los que crucificaron a Jesús?... Ante su victoria, se produce la gran huida de los pobres miserables. Llénate de esperanza: Jesucristo vence siempre. (Forja, 660)

Al caer la tarde del sábado, María Magdalena y María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar el cuerpo muerto de Jesús. –Muy de mañana, al otro día, llegan al sepulcro, salido ya el sol. (Marc., XVI, 1 y 2.) Y entrando, se quedan consternadas porque no hallan el cuerpo del Señor. –Un mancebo, cubierto de vestidura blanca, les dice: No temáis: sé que buscáis a Jesús Nazareno: non est hic, surrexit enim sicut dixit –no esta aquí, porque ha resucitado, según predijo. (Math., XXVIII, 5.)

Que nunca muramos por el pecado; que sea eterna nuestra resurrección espiritual. –Y, antes de terminar la decena, has besado tú las llagas de sus pies..., y yo más atrevido –por más niño– he puesto mis labios sobre su costado abierto (Santo Rosario. 1º misterio glorioso).

Evangelio según San Juan, capítulo 20, versículos del 1 al 9
12 de Abril de 2009


Domingo de Resurrección
APARICION A LA MAGDALENA Y A LOS APOSTOLES.

1. El primer día de la semana, de madrugada, siendo todavía oscuro, María Magdalena llegó al sepulcro; y vió quitada la losa sepulcral.
2. Corrió, entonces, a encontrar a Simón Pedro, y al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto".
3. Salió, pues, Pedro y también el otro discípulo, y se fueron al sepulcro.
4. Corrían ambos, pero el otro discípulo corrió más a prisa que Pedro y llegó primero al sepulcro.
5. E, inclinándose, vió las fajas puestas allí, pero no entró.
6. Llegó luego Simón Pedro, que le seguía, entró en el sepulcro y vió las fajas puestas allí,
7. y el sudario, que había estado sobre su cabeza, puesto no con las fajas, sino en lugar aparte, enrollado.
8. Entonces, entró también el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro, y vió, y creyó.
9. Porque todavía no habían entendido la Escritura, de cómo Él debía resucitar de entre los muertos.

Reflexión

Jesús ha vencido al mal – incluso el que nosotros hemos cometido –, y nosotros hemos triunfado con Él. La Magdalena se postra ante Él, y Él la llena del gozo de su resurrección, como quiere llenarnos a nosotros en este rato de oración. Sólo basta perseverar en la prueba y pedir su gracia, buscar para encontrarlo.

Pero Cristo Resucitado nos muestra que Él no se deja ganar en generosidad. María Magdalena no pensaba encontrar más que un cadáver, y sin embargo, Cristo se le muestra con su cuerpo glorioso, vivo para siempre. Animados por esta confianza, debemos también acercarnos con una disposición de entrega a Jesucristo, para pedirle que nos ayude a vencer al hombre viejo, a vivir como hombres o mujeres nuevos...

La resurrección obra una auténtica transformación en la Magdalena. Ya no llora. Ahora es enviada por Cristo a traves del ángel, a anunciar el gozo de su triunfo: “Ve y dile a mis hermanos..” ¡Por primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos adoptivos de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo.

María Magdalena sale a dar testimonio de la resurrección, pero su amor no le permite sólo rezar y dar ejemplo con su vida virtuosa para que los demás conozcan a Cristo. Ella siente la necesidad, esencial a nuestra vocación cristiana, de hacer algo, hablar, predicar, atender, ayudar, etc., todo lo que pueda, para dar a conocer el amor de Cristo al mundo.

Cristo resucitado, me atrevo a ponerme en tu presencia para que me llenes de Ti y del gozo de tu triunfo sobre el mal y la muerte. Creo firmemente en tu presencia renovadora, pero aumenta mi pobre fe. Confío que eres Tú quien me guiará en esta meditación y en toda mi vida para vivir como un hombre o mujer nuevo(a). Enciéndeme con el fuego de tu amor, para que me entregue a Ti sin reservas y quemes con tu Espíritu Santo mi debilidad y cobardía para darte a conocer a mis hermanos.


COMENTARIO

1 ss. Véase Mat. 28, 1 - 10; Marc. 16, 1 - 8; Luc. 24, 1 - 11. El primer día de la semana: el domingo de la Resurrección, que desde entonces sustituyó para los cristianos al sábado, día santo del Antiguo Testamento (cf. Col. 2, 16 s.; I Cor. 16, 2; Hech. 20, 7). Sobre el nombre de este día cf. S. 117, 24; Apoc. 1, 9 y notas.

7. Es de notar la reverencia especial para con la sagrada Cabeza de Jesús que demuestran los ángeles. No quiso Dios que el sudario que envolvió la Cabeza de su Hijo muy amado quedase confundido con las demás vendas.

 

 

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