Portada / El Mensaje / La Iluminación / Las Apariciones / Bernardo / Testimonios / Historia de Cuapa / Contáctenos

Ultima Aparición de la Madre de Dios, en Cuapa, Chontales, Nicaragua

 13 de octubre, 1980

 

 

     Nos relata el Vidente, Bernardo Martínez, que el 13 de octubre, 1980, ¨un lunes, dice él, tuvimos una celebración en la capilla a las diez de la mañana. Después nos fuimos un grupo de unas cincuenta personas al Lugar de las Apariciones; una pequeña peregrinación (…). Fuimos rezando el Rosario y cantando…¨  Bernardo prosigue hasta describir el momento mismo en que la Madre del Señor se aparece. Esta será la última Aparición de la Madre de Dios a Bernardo, en el Municipio de Cuapa, Chontales; de hecho, es la misma Señora quien informa a Bernardo: ¨Ya no me verás más en este lugar.¨

     Para empezar, tenemos que hacer  claro que el Mensaje de la Madre de Dios manifestado en Cuapa, en el año 1980, no es exclusivamente para nuestra nación, Nicaragua. El Mensaje en sí mismo tiene una doble dimensión: nacional, para nosotros nicaragüenses y universal, mundial, es decir. Hay que hacer diferencias muy marcadas en las palabras que la Santísima Virgen le dice a Bernardo: el primer aspecto del Mensaje, efectivamente, se refiere directamente a Nicaragua cuando Ella le dice: ¨Nicaragua ha sufrido mucho desde el terremoto y seguirá sufriendo si ustedes no cambian.¨  El segundo aspecto, no obstante, es dirigido a la humanidad entera, sin excepción. De hecho, la Señora dice: ¨Si ustedes no cambian, abreviarán la venida de la Tercera Guerra Mundial. ¡Reza, reza, hijo mío, por todo el mundo! Al mundo lo acechan graves peligros.¨  Y con estas palabras, la Madre de Dios alerta a todos los pueblos y naciones. Al mundo entero, como Ella misma le dice a Bernardo. Efectivamente, la Toda Santa (La Panagia, en griego), en todas Sus Manifestaciones, a través de los tiempos, épocas y lugares, siempre ha comunicado a la nación concreta y a la entera humanidad, donde se manifiesta,  el Mensaje que la Beatísima Trinidad le encomienda dar.  Es decir, toda manifestación de la Madre de Dios y Su Mensaje, se compone de dos elementos: el local y el universal. El local, para comunicar lo que Dios espera de ése pueblo concreto y el universal, llamando e invitando a la conversión y alertando al mundo de los peligros que le amenazan. La Madre de Dios, entonces, no viene a nosotros por Su propia iniciativa: es enviada por Dios como Su Mensajera. Por lo tanto, no podemos decir que la Manifestación de Cuapa es sola y estrictamente para los nicaragüenses. Esta Manifestación tiene un carácter y dimensión global y de extrema urgencia cuando la Madre de Dios previene a la humanidad ¨de que si no cambia, se abreviará la Tercera Guerra Mundial.¨  Esta, pues, es la urgencia de Cuapa; el mundo entero está al borde de su propia autodestrucción y el Señor envía a Su Madre Inmaculada a Nicaragua, que se encuentra en el Centro de las Américas, para pedirnos que cambiemos y optemos por Él, de una vez por todas.

     Como en Fátima, en el año 1917, cuando la Madre de Dios se manifestó a los Beatos Francisco y Jacinta Marto y a la Sierva de Dios Lucía del Inmaculado Corazón,  Su Mensaje iba, igualmente, dirigido a la humanidad y a Portugal. A la humanidad para avisarle del inminente peligro del comunismo que engañaría a los pueblos del mundo con sus mentiras diabólicas ; la aniquilación de muchas naciones, las guerras como consecuencia de ese sistema político; la Iglesia bajo persecución y al Santo Padre le informaba del sufrimiento que tenía que experimentar. Esta parte del Mensaje de Fátima, evidentemente era dirigido a la humanidad entera, a Portugal, por el otro lado, le informa: ¨En Portugal, la Fe nunca va a desaparecer.¨  Divido, entonces, porque es necesario, la dimensión del Mensaje de la Madre de Dios: en su aspecto, nacional y aquél de carácter mundial.


     Hoy, más que nunca, la urgencia de la conversión, es decir, abandonar el pecado en todas sus formas, el necesario cambio de costumbres, la vivencia radical del Evangelio, apremia a cada hombre y mujer del mundo en que vivimos. Más que nunca, el hombre del tercer milenio desafía al Creador en formas que trascienden toda compresión: veamos, como ejemplo, lo que hacen cantidad de naciones que promueven el aborto, el matrimonio entre homosexuales,  el relativismo y cómo, muchas naciones, especialmente en Europa, todo se comprende y desarrolla dentro de una forma violenta para eliminar a Dios tanto de la vida individual como social; hoy por hoy, la humanidad se mueve dentro de un estilo de vida totalmente laicizado.  Entre la historia revelada en el Génesis (cfr. Gn 6, 5-7) y lo que nos informan los medios de comunicación, no existe diferencia ninguna y encontramos la misma actitud del hombre que llevó al Señor Dios a decir: ¨Me arrepiento de haber creado al hombre.¨ (Gn 6, 7). Dios, sin embargo, no se cansa de la mejor y más excelente de Sus obras: el hombre, creado a Imagen y Semejanza Suya (Gn 1, 26-27) y busca a toda costa cómo salvarlo ¨Dios nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad¨ (I Tim 2, 3-4)  y de la fidelidad de Dios al hombre, no podemos dudar ni por un instante, pues nos dice el Espíritu Santo por medio de San Pablo: ¨Si le  somos infieles, Él se mantiene fiel, porque no puede negarse a Sí mismo.¨ (II Tim 2, 13). ¨¡Por mi vida! –oráculo del Señor, juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva. ¡Conviértanse, cambien de conducta, malvados, y no morirán!”  (Ez 33, 11). El problema radica entonces en la soberbia del corazón humano, en su orgullo, en el rechazo personal y consciente de su Creador y esto, por sencilla lógica, trae como consecuencias inmediatas todo cuanto vemos está sucediendo, primero en la familia que es la célula: fundamento y base que compone y sostiene la sociedad humana y en el mundo entero.  Ya el Siervo de Dios Juan Pablo II, durante sus años de ministerio como Sucesor de Pedro en la Sede Apostólica de Roma, denunció la desintegración familiar a nivel mundial. Si la familia, como Dios la quiso al crear al hombre deja de existir, igualmente la sociedad ha llegado a su fin definitivo. Estas no son palabras nacidas de un negativismo que frustre cualquier esperanza, al contrario, lo que escribo es para despertar la confianza de que no todo está perdido totalmente si ponemos de nuestra parte, cueste lo que cueste, para cambiar el desorden que mueve el globo aquí y ahora; y desafiar con nuestra conversión y vivencia del Evangelio  las influencias satánicas que atentan contra el hombre (Ef 6, 12-20).


   Contra un mundo que vive para satisfacer su egoísmo torpe, en el que solamente existo ¨yo¨ y solamente ¨yo,¨ sin pensar en el otro (a), la Madre de Dios, en Cuapa, nos dice: ¨Pongan en práctica la Palabra del Señor. Busquen ser agradables a Dios. Sirvan al prójimo, que así le agradan (a Dios).¨  Y prosigue: ¨Pidan fe para tener fuerza para llevar cada uno su cruz.¨  Si no ponemos en práctica lo que el Señor nos dice en la Revelación Pública o Sagrada Escritura, el hombre nunca encontrará ni paz ni estabilidad interior; y la falta del equilibrio que concede el Señor a quien se acerca a Él, se proyecta en todo pensamiento, intención y acto en el ambiente que nos rodea. El resultado de la falta de Dios y de Su rechazo en la intimidad del ser humano, es cuanto vivimos, a nivel familiar y social, y vemos y escuchamos, a diario, en las noticias, a nivel mundial.

     ¨Hay problemas con el marido, con la esposa, con los hijos, con los hermanos. Hablen, platiquen para que resuelvan los problemas en paz.¨  La Madre de Dios en Cuapa denuncia la enfermedad y nos da la medicina, pero si nosotros no buscamos cómo cooperar con lo que el sueño de Dios para cada ser humano,  la medicina proporcionada por Dios a través de Su Madre Inmaculada, jamás podrá surtir el efecto esperado por el Creador. Dios quiere que vivamos ya en este mundo Su propia Vida, pero el hombre, rechaza todo esfuerzo divino degenerando la libertad en la cual fue creado, en libertinaje que le lleva a la desesperación y total caos y confusión.


     Los días que vivimos, a pesar de todo, son fascinantes porque de un lado, vemos cómo el enemigo de Dios y de nuestras almas, satanás, busca con furia infernal cómo destruir el Plan de Dios para cada mujer y hombre, por el otro lado, no obstante, vemos a Dios en plena acción tratando de rescatar las almas y salvarnos.  Pero, y con insistencia, repito, esto nunca podrá ser posible si nosotros no entregamos nuestra libertad personal a Quien nos la regaló soñando lo mejor para cada uno. Ya San Agustín, Obispo de Hipona, en el siglo quinto de nuestra era, escribió:
 

    El que te creó sin ti, no podrá salvarte sin ti,¨  es decir: Dios no nos pidió consentimiento para crearnos, Él nos llamó a la vida como Su más maravilloso Regalo, pero necesita de toda nuestra voluntad y consentimiento para salvarnos.

    Jesús moribundo nos entregó a Su propia Madre al pie de la Cruz (Jn 19, 27), allí, en el Calvario, Cristo hizo parir nuevamente a Su Madre; pero esta vez, la maternidad recién estrenada abarca a la humanidad entera y de todos los tiempos y confesiones. Ella, Madre de Jesús, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia (Catecismo de la Iglesia Católica: Compendio No. 196) fue proclamada como Madre de todos los hombres redimidos por el Misterio Pascual de Cristo en el orden de la Gracia. Por tal razón, después de la Ascensión del Señor, la Virgen Santísima ayudó con Su oración a la Iglesia naciente (Hch 1, 14) y luego de Su Asunción gloriosa a los Cielos, en Cuerpo y Alma, la Madre del Señor continúa intercediendo por Sus hijos e hijas, siendo para todos el Modelo de fe y amor y ejerciendo sobre la humanidad el influjo del don gratuito de la Salvación que brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo Muerto y Resucitado. Es por esta razón, la vocación suprema a la que el Hijo asocia a Su propia Madre, que Ella, en Cuapa, nos dice: ¨No se aflijan. Yo estoy con ustedes aunque no me vean. Soy la Madre de todos ustedes pecadores (…). Una Madre no olvida nunca a Sus hijos. Y yo no he olvidado lo que ustedes sufren. Soy la Madre de todos ustedes, pecadores.¨

    Para finalizar, acudamos en todo momento y ocasión a Aquella que es nuestra Abogada, Auxiliadora,  Socorro y Mediadora. No olvidemos que la Madre del Señor nos pide que oremos el Santo Rosario meditando los misterios de la Vida de Su Hijo y de Ella misma. Oremos el Rosario en familia, diariamente, a como Ella nos pide, con insistencia, renovemos con fervor y solidez la práctica piadosa de los Primeros Sábados pero antes de todo esto, acerquémonos al Sacramento de la Penitencia para que, reconciliados con el Padre Dios, Él descubra en nosotros el Rostro de Su propio Hijo Unigénito y ame en cada uno, lo que Dios mismo ama en Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.  Lo único nuestro son nuestros pecados y vicios, pero la Misericordia triunfa y la ternura del Padre nos abraza el instante que nos abrimos a Su Perdón incondicional. La Madre nos asiste y ayuda en nuestro peregrinar de conversión constante: con Ella todo, sin Ella nada. Ella que nos dio a Jesús, nos lleva nuevamente a Él: la decisión es nuestra. Aprovechemos este tiempo de Gracia.


    Invoquemos a la Madre de Dios con la oración que Ella misma enseñó a Bernardo: ¨Santísima Virgen, Vos sos mi Madre, la Madre de todos nosotros pecadores.¨
 

 Rev. Fausto Zelaya

Otros escritos del Rev. Fausto Zelaya

 


 


Derechos Reservados www.cuapa.com © 2008

La reproducción total o parcial, de los contenidos de esta web sin previa

autorización está terminantemente prohibida.

Mejor resolución de pantalla: 1024 x 768 pixels