"A quien Dios
quiere hacer muy santo, lo hace muy devoto de la Virgen
María". - San Luis de Montfort.
El Papa Juan
Pablo II tomó como lema una frase que repetía mucho este gran
santo: "Soy todo tuyo Oh María, y todo cuanto tengo,
tuyo es".
Por nuestro bautismo pertenecemos todos
completamente a Jusucristo y la santidad, entonces, es la vocación
de todos.
La consagración total se fundamenta
en el misterio central del cristianismo - por medio de su
Encarnación y Cruz, Jesucristo nos salvó y nos hizo hizo hijos de
Dios Padre llenos en su Espíritu. Cristo, el Hijo de
Dios Padre compartía en todo nuestra condición humana para darnos un
compartir en su vida divina.
Este compartir incluye su relación
con María porque Él que es Hijo de Dios Padre es también Hijo de
María. Más porque Cristo Jesús se entregó completamente a
nosotros solamente por de medio de María los que quieren entregarse
completamente a Cristo tienen que hacer lo mismo. Por María,
entonces, vino la salvación a nuestro mundo y por María
experimentamos la plenitud de esta misma salvación que es nada menos
que un compartir total en la vida de Cristo.